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Me basta con poco…

Ana Mercy Otáñez amercy@gmail.com

Cuando aprendí que: “En esta vida me basta con poco, pero ese poco debe llenarme el alma”… ¡He sido mucho más feliz! Ese poco está lleno de acciones pequeñas que diariamente complementan mis anhelos de realización como mujer, como profesional y como ser humano que busca dejar un legado. Ese poco, no es lo que otros deciden, ni lo que otros dejan, ni es un pedazo, es poco, pero suficiente como para satisfacer y alimentar mi esencia. Ahí radica la felicidad, en reconocer ese poco que se convierte en lo necesario y suficiente para complementarnos… Tengo miles de motivos para no conformarme con migajas que deje otra persona, mendigar amor, reconocimiento, colaboración, amistad, compromiso y respeto no entran dentro de mis ambiciones. Soy lo suficientemente golosa para querer el pastel completo, pero eso no quiere decir que debe tener equis cantidad de libras, uno pequeño me basta si me regocija el espíritu, me despierta los sentidos y pone a vibrar mi corazón. La satisfacción no está en lo mucho o en lo poco. No quiero decir con esto que lo “mínimo es suficiente”. ¡No! Pero querer, soñar, trabajar… no sirve de nada, si se nos olvida vivir. El recorrido de nuestra vida es un acto individual, a pesar de quienes se sumen a nuestro recorrido; el mismo está lleno de colores a los que usted le da el matiz que su capacidad le permita ver, yo veo los míos como un arcoíris y quizás algunos ahora entiendan por qué les pongo colores a mis deseos. En realidad siempre he sido ambiciosa de ilusión y pasión y terca cuando me fijo un objetivo. No me conformo con menos de lo que creo que merezco, pero avanzar en edad y vivencias me han dado la experiencia para cifrar mi prosperidad en la abundancia del ser y en la bienestar del alma. He comenzado a trabajar arduamente en mi superación con el firme propósito de aportar “valor con integridad” a las personas que por decisión o circunstancias se cruzan en mi camino; servir y poder ser un canal de ayuda para que otros se desarrollen puede que no tenga un significado monetario, pero doy testimonio que sí puede cuantificarse el regocijo del espíritu. El no accionar con lo que tenemos a mano, esperando alcanzar la meta de golpe y porrazo, nos transforma en un viaje de sueños que nunca se realizan y se quedan solo grabados en nuestra mente o plasmados en una libreta. Conformarnos con lo poco no es vivir de sobras, es reconocer que la vida es un paso a la vez y que como dice el refrán, “grano a grano se llena la gallina el buche”, así aprendí a identificar el momento justo de las cosas. La madurez llega cuando aprendemos a esperar el tiempo indicado de manera serena, luego emprendemos el vuelo. Así he podido reflexionar una y mil veces de dónde me encuentro y hacia dónde voy, concluyendo en tener la capacidad de depurar sobre qué tan cargado está mi mapa de vida, clasificando lo que de verdad es importante, dando prioridad a mi felicidad en lo poco que bien equilibrado se convierte en lo mucho que necesito. Con el poder de Dios nos leemos la próxima semana.

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