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Cuando el cuerpo grita lo que la boca calla…

La vida es un viaje que se desarrolla a través de varias estaciones, duele cuando alguien baja de manera definitiva en alguna parada inesperada y nosotros debemos continuar nuestro trayecto. Seguir guardando el dolor que nos invade nos conduce a la no aceptación de nuestra realidad y el único camino que renace de estas situaciones nos lleva a las enfermedades del alma. Nadie que vive bajo la ausencia de un ser querido o de la pérdida de un vivo, quiere detenerse y ver como lo que sentimos tienen una relación directa con nuestro cuerpo y lo vemos a través de distintas manifestaciones. Las emociones viven en nosotros, pero hacemos el esfuerzo de bloquearlas ante los demás, olvidando que nuestro cuerpo somatiza, lo que nos lleva a sentir diferentes dolencias para comprender que algo no anda bien.


Los síntomas de enfermedad


Todo comienza cuando lo invisible pasa a lo visible. Cuando la obesidad se nota el corazón camina lento. Cuando el asma ataca el alma llora. Cuando la gripe se pasea por todo nuestro organismo, la nariz gotea y la boca amarga, nuestro cuerpo se cortaÖ entonces, grita atención. El estómago es el órgano mas amigable, coopera con la lujuria del apetito y lo aguanta todo, se disfruta lo dulce, lo salado, el alcohol, olvidamos las restricciones y continuamos sin parar. El corazón se acongoja, se aflige y aprieta, pero lo más duro se siente cuando un nudo te tranca la garganta y no hay forma de expresar nuestros padecimientos, nuestros dolores del cuerpo ni del alma.


Asunto emocional


Nuestros sentimientos se unen a nuestros padecimientos y juntos se apoderan de nuestro sentir avisándonos con tiempo que vamos por el camino equivocado, pero no lo aceptamos, es imposible detenernos y pensar en nosotros mismos, entonces se nos hace imposible comunicar lo que nos amarga y bajo rabia o rebeldía nos arde el pecho ante cada sensación de debilidad. La soledad se vuelva nuestra compañera, nos ayuda a vagar de pensamientos y nos incita a tomar decisiones que muchas veces pueden ser sabias o incorrectas. Entonces las insatisfacciones nos aprietan el cuerpo, las dudas nos presionan la cabeza, nos volvemos intolerantes, el núcleo principal del cuerpo duele y la vida parece terminar.


Una voz que ayuda


Cuando la relación mente-cuerpo se ve afectada esta altera nuestra armonía. Esto puede ocurrir por decenas de situaciones para las que nunca nos preparamos, pero nuestras emociones sí, porque ellas viven de nuestro sentir, reaccionando a lo positivo o a lo negativo, al tiempo que recibimos influencia de nuestro entorno. Lo que hace que sintamos dolencias físicas, desamino, mudez, pensamientos fuera de orden, estrés y soledad. Muchas veces nuestros tormentos son detectados por otras personas que nos ven desde afuera, cuando nuestro ojo avizor no nos permite detenernos en nosotros y continuamos en automático. ¡Con el favor de Dios nos leemos la próxima semana!

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