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¡En cabeza ajena!

Ana Mercy Otáñez amercy@gmail.com

“Cada cabeza es un mundo”; de ahí he sacado la conclusión de que cada quien tiene valores y creencias diferentes y su universo no necesariamente debe girar igual al de los demás, mucho menos al mío, por lo que no me gusta juzgar, aunque si trato de expresar lo que siento. Esta frase encierra toda una sabiduría popular, decenas de personas la utilizan ante ciertos hechos o situaciones y en realidad trae con ella la forma de valorar las acciones de los demás, lo que nos deja en evidencia cuáles son las condiciones que debemos evaluar para ponderar las ejecutorias de algunas personas. Nadie sabe lo que hay en la cabeza del otro, con que dolor ve la vida, que carga en sus maletas, que tan profundas son sus penas, ni cuales complejos lo hacen sentirse disminuidoÖ Mientras otros, todo ven lo positivo, bailan debajo de la lluvia, ríen y aprecian la vida por el simple hecho de estar vivos. Los seres humanos somos una diversidad de acciones que habitamos un cuerpo y que tenemos libertad de pensamientos, pero sobre todo hablamos. Lo que parece ser que muchos lo olvidamos, al coordinar lo que sale de nuestra boca con las ejecutorias cotidianas, esas que nos definen, nos encasillan y por las cuales nos etiquetan. Son simples actos que en la mayoría de los casos se disocian de lo que proclamamos, dejando claro lo que llevamos en lo más profundo de nuestro corazón. Con el paso del tiempo he tenido que ir perfeccionando mis teorías sobre lo que amuebla la cabeza de cada quien, que elementos las componen y cuáles son mis incapacidades para no entender que va un poco más allá de donde puede llegar mi cerebro. Si cada cabeza es un mundo, queda claro que usted tiene la opción personal de pintar su cosmos del color que le plazca con el único propósito de vivir sus más arriesgados sueños o amargarse en lo más profundo de su fracaso, claro, sin buscar culpables. La vida puede ser un laberinto del que apreciamos un desenlace de manera positiva o negativa, eso va a depender del punto donde nos encontremos, por ejemplo: cuando hablamos del amor, un noble sentimiento compuesto de distintas manifestaciones, son diversas las personas que no toleran expresarlo, ni mucho menos reconocer ante el mundo lo que sientenÖ Es así porque han crecido bajo dogmas muy distintos a los parámetros normales, razón que los motiva a esconder, ocultar y guardar en el fondo de su alma lo que sienten, si de amor hablamos; les es imposible expresarse ante hijos, padres, familias, parejas, amigos o colegas. Reconocer el éxito en el otro le es imposible, pero no lo es para juzgar, destruir o maltratar a otros desde su cómoda posición. En cabeza ajena no puede crecer lo que usted alberga en lo más profundo de su ser, eso se desarrolla en usted y queda de manifiesto en su autoestima que sale a relucir cuando se expresa, en cómo se comporta y en lo que juzga en otras personas. Nos leemos la próxima semana.

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