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Despedida de soltera

Ana Mercy Otáñez amercy@gmail.com

Hace unos años, cuando escribí mi columna sobre mis cuatro décadas, describía esa etapa de mi vida como una segunda adolescencia, pero con madurez, justo el período que vivo hoy me ha hecho reafirmar esa creencia. Hace unos días un grupo de amigas me sorprendieron con varios encuentros a los que denominaron “despedida de soltera”, pensé que a las mujeres de mi edad no les hacían ese tipo de fiestas, sin embargo me las disfruté, porque siempre he creído que los consejos nunca están de más, pero las ocurrencias me dejaron claro la valía de las amistades, de vivir cada momento y lo importante de que nos demuestren su aprecio. Entre tragos, celebraciones, cuentos, ideas, ocurrencias y todo tipo de juegos que me ponían en apuro, me llamó la atención la pregunta de una de mis amigas, ¿Cómo te diste cuenta que era la persona ideal? Luego de una tanda de risas y miradas extrañas respondí: Primero me di cuenta de que ya estaba lista para amar, para iniciar una nueva etapa en lo sentimental que se complementara con mi estilo de vida y con mis ambiciones de mujer, madre y profesional, sin que estropeara mi mundo, pero que llenara las aspiraciones que tenía sobre el ser humano que me acompañaría. ¡Aspiraciones, no exigencias! Vale resaltar que no tenía grandes requerimientos, nunca los he tenido, como tampoco he aspirado a un “Ken”, sino a un hombre de carne y hueso con la sensibilidad necesaria de respetarme y respetarse. Que tuviera los mismos valores que yo y que nuestra visión se encaminara bajo una misma óptica, cargada de responsabilidades comunes con el único fin de ser felices y de realizarnos en lo humano. Sin trabas, ni restricciones, ni competencias, mucho menos sin mezquindades. Eso me llevó a tomarme mi tiempo, a esperar mi momento, a no apresurarme en elegir, ni salí a buscar al indicado, porque eso no se busca, eso llega. Así lo creo, porque siempre he pensado que Dios tiene destinado el compañero o compañera de vida de cada quien y éste no se apresura, somos nosotros lo que salimos corriendo ante el vuelo veloz de cualquier maripositaÖ A unas les llega a muy temprana edad con un solo amor, a otras nos toca vivir diferentes experiencias antes de conocer al príncipe, a mí me llegó ahora, en la mejor etapa de mi vida, por lo que lo vivo y lo disfrutoÖ Reconociendo que el amor no tiene edad, ni limitaciones, esas condiciones se las damos nosotros. Tomar la decisión de volver a casarme no fue difícil, cuando advertí las reacciones de mi cuerpo, las expresiones de mi cara, el palpitar rápido de mi corazón y el frío sudor de mis manos, las cuales llegan a mí solaz, al compás de sus palabras, de sus besos, de sus sorpresas y sus ingeniosidades… Él, es más que una atracción física, es una atracción mental y sentimental que veo con los ojos abiertos, que se ha convertido en una droga de esas que crean dependencia en el almaÖ ¡Simple, me tocó y detuvo el trajinar de mis días! Unas vacaciones y con la gracia de Dios, nos leemos más adelante.

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